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El ácido hialurónico (AH) es un componente natural de la matriz de la piel y uno de los rellenos dérmicos más utilizados en Medicina Estética. Destaca su gran capacidad de absorber agua que permite mantener la elasticidad de la piel, ya que se trata de un hidratante natural. Además, crea volumen, lubrifica y da integridad a las células. Sin embargo, con la edad va disminuyendo la cantidad que fabricamos, por lo que aparecen arrugas y pérdida de turgencia.

En los años 90, comenzó a ser utilizado para el tratamiento de las arrugas y para remodelar los volúmenes faciales, aprobado por la FDA en el 2003.

El ácido hialurónico es un implante dérmico reabsorvible que se coloca con aguja o con cánula. Se trata de un producto muy versátil que se puede utilizar para:

¿El AH debe ser reticulado o no?

Los reticulados son los que voluminizan, por lo que a mayor reticulación, mayor poder de voluminizar. Con esta característica jugamos en función de lo que el paciente quiera o nosotros pensemos que podemos hacer.

El AH no reticulado, ya sea solo o en combinación con otras sustancias, lo utilizamos en mesoterapia para hidratar y revitalizar rostro, cuello, escote y manos. Es lo que en consulta nos demandan muchas veces los pacientes cuando se ven con la piel apagada y nos sugieren pincharse “unas vitaminas”. Su duración es de unos 6 meses y pueden hacerse protocolos de varias sesiones, según el estado de la piel. Por último, en pieles jóvenes es un tratamiento que da mucha luminosidad y previene el envejecimiento.

Fuente

topdoctors.es