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Las operaciones de cirugía estética han ido en aumento año tras año desde hace más de dos décadas, lo que ha tenido mucho que ver con los avances en este sector y con el bombardeo de imágenes y vídeos que a diario recibimos con cuerpos esculturales y rostros de cine, tanto en la televisión como en las revistas y en las redes sociales. Sin embargo, este tipo de retoques estéticos no se han quedado solamente entre los adultos, sino que cada vez son más padres los que se plantean operar a sus hijos para corregir algún defecto.

Eso sí, llegados a este punto, hay que saber diferenciar entre lo que es una malformación genética y los problemas que pueden suponer un gran obstáculo para el adecuado desarrollo personal y social de un adolescente; y entre los deseos de un niño o adolescente que no tienen ningún problema aparente pero que piden a sus padres una operación de cirugía estética. En el primer grupo entrarían, por ejemplo, niños con labio leporino que son operados en los primeros meses de vida, las operaciones de rinoplastia por problemas de salud o los niños con mamas u orejas prominentes. En todos estos casos, las intervenciones suelen hacerse en la infancia y siempre bajo recomendación médica.

El segundo grupo es distinto, ya que no se trata de cuestiones que pueden causar complejos a los niños e impedir un adecuado desarrollo social y personal. Salvo en casos puntuales, por mucho que un niño o adolescente pida a sus padres una operación de cirugía estética, la norma es no realizarla hasta que el niño haya alcanzado la madurez física y psíquica, es decir, retrasarla hasta el momento en el que pueda tomar la decisión y ser plenamente consciente de las consecuencias. Para lo cual, suele establecerse un calendario de consultas periódicas que sirven de apoyo al adolescente y en las que se va evaluando el grado de maduración del mismo.

La cirugía estética no es un producto que pueda regalarse, sino que debe pasar por un proceso de varias fases: historia clínica, exploración física, pruebas complementarias, establecimiento de un adecuado diagnóstico, indicación del médico y ejecución de la operación. Con lo cual, siempre que la intervención esté recomendada por un médico, no hay inconveniente para que un niño no pueda beneficiarse de una operación de cirugía plástica.

Fuente: todoestetica.com